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Y Diálogo Social Institucionalizado, por qué no?


El gran desafío de fortalecer la democracia liberal y representativa, como factor de progreso sin precedentes en la historia de la humanidad, e ir disipando las amenazas que se ciernen sobre ella, en el contexto de deterioro de credibilidad y confianza interpersonales e institucionales, marcadas por el abuso, la corrupción y la concentración de Poder, en diversas instituciones y en las instituciones políticas y democráticas, que muchas veces se ven sobrepasadas a la hora de ofrecer respuestas a demandas y anhelos de la ciudadanía así como en plena incapacidad de responder a los paradigmas y desafíos de los tiempos, con eficiencia y eficacia, deriva en una pérdida de valor de la democracia y en muchos casos devienen en respuestas que viran y tienden hacia populismos de izquierda o nacionalistas de extrema derecha. Lo que exige monitorear, actualizar, corregir e implementar estrategias de manera permanente y desarrollar programas y agendas tendientes a devolver credibilidad, dignidad y prestancia a la acción pública, como por ejemplo, una debida modernización del Estado, agendas que estimulen la transparencia, el control social, que combatan la corrupción, que perfeccionen constantemente el sistema político y que entreguen respuestas acertadas a las transformaciones sociales propias de un contexto de cambios disruptivos, que instala nuevos paradigmas, en una sociedad que exhibe profundas fracturas.

Horckhemier Teórico Critico, de la escuela de Fráncfort, haciendo una alegoría, decía el Poder es como el gas, fluye hasta donde los limites lo permite, la estructura del Estado y el ordenamiento jurídico, cual cañería, encausan ese gas en una dirección estratégica en función de los objetivos y fines del Estado, pero las cañerías con el tiempo se corroen o corrompen, el gas se fuga y es preciso, reparar o sustituir esas cañerías, para asegurar el Poder se conduzca hacia los fines supremos del Estado.

Y no cabe duda esta asertiva alegoría, reivindica el valor de la revisión, observación, seguimiento, evaluación ojalá cuantificable y control de calidad permanente de las políticas públicas y de las estructuras e instituciones democráticas del Estado.

La Reforma de modernización laboral que por ejemplo, promueve el gobierno está en plena sintonía con la adaptación necesaria del sistema laboral a los propios de la cuarta revolución industrial, científica y tecnológica, en términos de estimular una flexibilidad que se adapte, a la automatización, la robótica, el tele trabajo o las tecnologías 5G, que derriba fronteras de tiempo y distancia, entre otras tecnologías que inciden disruptivamente en las tradicionales formas de trabajo, así como el necesario estímulo a una mayor incorporación de la mujer al sistema laboral, lo que contribuye a sacar muchos hogares de la pobreza y combatir la vulnerabilidad de la pobreza multidimensional.

En esa dirección cobra coherencia el aporte de esta reforma a la concreción de los principios planteados en los párrafos predecesores, sin embargo es evidente que la mayor flexibilidad, se traduce en precarización en términos de protección y calidad del empleo.

Algunos sectores políticos ya rasgan vestiduras y enarbolan las banderas del fortalecimiento sindical y la negociación colectiva y en una mirada con algún sesgo nostálgico y anacrónico quizá más propios de la segunda revolución industrial, en la era del proletariado, se oponen a la propuesta de reforma laboral, con el aire de superioridad moral y el verbo inquisidor que los caracteriza.

Sin embargo hay formas modernas como el Diálogo Social Institucionalizado validado por la OIT y la UE con buenas experiencias en términos de política comparada, en Irlanda y en la reconstrucción social de la España post franquista y que contribuyen a equilibrar las relaciones no solo laborales, sino todas aquellas en que la concentración de Poder pueda generar riesgos de abuso de Poder y contribuye a la reconstrucción de las confianzas, a generar instrumentos de participación bidireccionales, coherentes con Estados más modernos y que permiten contribuir a la cohesión social ofreciendo un camino democrático, institucional y enmarcado en el Estado de Derecho, para la resolución de controversias, por una vía pacífica, asegurando una República en la dirección de construir un solo Chile, reivindicando los principios de la libertad, igualdad y fraternidad.

Augusto Parra Ahumada

Presidente Fundación República en Marcha

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