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Venezuela y el Fracaso de la Comunidad Internacional



Resulta evidente el fracaso de la comunidad internacional en Venezuela, pasados ya algunos meses desde el reconocimiento a Juan Guaidó como Presidente Encargado, por parte primero de algunos Estados, encabezados por Estados Unidos, luego de la OEA y más tarde parte significativa de los Estados Occidentales.

Sin compartir los tiempos ni el manejo de la ONU y su encargada de Derechos Humanos, sí creo que queda en evidencia, que la lógica de evitar cualquier tipo de intervención que agudice la violencia y dificulte aún más el dialogo va en la dirección correcta.

La recuperación de la democracia en pleno siglo XXI y luego de los avances civilizatorios que ha registrado la humanidad, de la mano de organismos multilaterales que han hecho un aporte infinito, en materia de respeto a los Derechos Humanos y cuidado de la democracia, no se entiende que pueda ser por una vía que no sea democrática, pacifica e institucional, el uso de la fuerza, la aceptación al uso de la fuerza y la incapacidad de resolver conflictos por vías no violentas, nos sitúa en épocas cavernarias y evidencia cierto desprecio por la paz, la vida y los avances registrados que ponen a la humanidad en verdadera marcha a tras.

Pareciera que algunos Estados, participan del proceso desde posturas de trincheras o de barra brava y no comprenden que las transiciones, requieren de una fuerte cooperación internacional al dialogo y a ofrecer un camino de acuerdos, que en ningún caso estarán exentos de costos desde la perspectiva de la amnistía y el ofrecimiento de medidas de protección que faciliten las salidas adecuadas.

El caso chileno, pese a estar evidentemente cargada de buenas intenciones, resulta particularmente errático al intentar asumir un protagonismo que en nada a ayudado y contribuido al dialogo y a la paz y pasa por una evidente sobre politización de trinchera de la Política Exterior que debe ser de Estado y basada en principios permanentes, episodios como el de Cúcuta o el reciente fallido levantamiento militar, ponen a los Estados que tomaron partido, fuera de la posibilidad de ser un aporte al dialogo y al entendimiento, única vía posible, cuando dentro del catálogo de Políticas de Estado permanentes en materia internacional están la defensa de la democracia, las vías pacíficas para resolver las controversias, el pleno respeto y defensa de los DD.HH y el respeto a la autodeterminación de los pueblos.

Quiero dejar claro que no pretendo con esta columna, dictar cátedra o intentar ponerme sobre algún tipo de púlpito de superioridad moral o condenar a nadie, solo pretendo hacer una contribución al debate, para que este permita que la Política Exterior de nuestro país será una real contribución, tome distancia de aquellas líneas políticas como la de EE.UU, que desprecia el multilateralismo de la mano de Trump y que sigue sin asumir que superamos la época en la que su imperio daba forma a una lógica unipolar, para transitar hacia una era multipolar, en que se requiere particularmente cada vez más el fortalecimiento del multilateralismo y una institucionalidad internacional que vele por la paz, que combata el abuso y empareje la cancha para los Estados más pequeños y por valores que permitan construir un futuro común que ofrezca soluciones globales a problemas globales.


Augusto Parra Ahumada

Presidente Fundación República en Marcha

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