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  • República en Marcha

Un retroceso civilizatorio


Chile viene experimentando un retroceso civilizatorio, que pone en grave riesgo la convivencia nacional futura, de la mano del relativismo moral y de la miseria política.

Los pactos sociales civilizatorios, se basan en la convivencia pacífica, posible cuando somos iguales ante el Estado de Derecho, como señala Bobbio, que reserva al Estado el uso exclusivo de la fuerza para garantizar la paz, el orden público, la seguridad y la libertad de las personas; En el reconocimiento de la democracia y el Derecho como el vehículo para resolver las controversias, legítimas de la vida en sociedad; En el pleno respeto a los derechos humanos en cuanto derechos inalienables e inherentes a la condición de persona.

Entendemos por principio el comienzo de algo o el criterio o norma moral que guía la conducta de una persona o una comunidad, conjugándose así como la base inamovible sobre la que se debe estructurar la vida cívica en un Estado civilizado.

Con la misma fuerza que Mario Vargas Llosa, contesto a Axel Káiser, con motivo de un conversatorio que tuvo lugar en Mayo de 2018, rechazando categóricamente la sola pregunta o duda respecto de si existen dictaduras mejores que otras, aclarando que son todas las dictaduras malas y condenables, es necesario condenar la violencia, el terrorismo y la anarquía o cualquier atropello a los derechos humanos o uso desmedido de la fuerza, no hay violencia justificable, relativizarle o aceptable, simplemente son todas condenables e incompatibles con la convivencia democrática. Lo que en ningún caso puede eso si inhibir al Estado de cumplir sus obligaciones privativas para garantizar la paz, la seguridad y la libertad.

En ese sentido bien cabe celebrar y valorar el fallo de la corte de apelaciones de Concepción en cuanto a reservar el uso de balines para el uso exclusivo en actos vandálicos y no para disuadir marchas o manifestaciones pacíficas.

Lo complejo es la indigencia de política de las instituciones democráticas (PP) pues parecen simplemente haber abdicado a hacer política, entendida como el arte de dialogar y articular acuerdos sobre aquellas materias que resultan consustanciales al Estado y a la voluntad soberana de quienes representan, pues no solo no se ven liderazgos capaces de conducir, sino que de frentón relativizan la violencia y el crimen e incluso algunos parecen validar el uso de la violencia para imponer sus propia agendas o para obtener ventajas, poniéndose evidentemente al límite de la constitucionalidad.

El diálogo político a ratos se torna en exigencias, intransigencias y chantaje, parecen haber adquirido la tesis del ahora o nunca y al ver a la autoridad democráticamente elegida en una posición de debilidad y desprovista de Poder parece ser la hora de robar la fuerza del movimiento social y extraer hasta su último suspiro, para obtener las propias reivindicaciones a costa de farrear la oportunidad de transitar hacia un futuro común.

La Republica somos todos, como bien señalo Don Patricio Aylwin en su discurso al asumir el mando de la nación en el Estadio Nacional, “Chilenos Somos Todos Civiles y Militares” y somos todos civiles, carabineros, fuerzas de paz y de orden, militares, empresarios, trabajadores, abuelos vuestras madres, vuestros padres, hermanas, esposas e hijos y solo podremos construir un futuro mejor y un devenir colectivo marcado por el progreso y la justicia en la medida que sea sobre los sólidos principios de la paz, la democracia, la libertad, el pleno respeto a los derechos fundamentales, el entrañable respeto al Estado de derecho y la fuerza de la ética del bien común como única guía de conducta social.


Augusto Parra Ahumada

Presidente Fundación República en Marcha

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