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Un Centro Político nítido y libre del inmediatismo electoral



Quienes reducen la Política a la simple afirmación de los ideales y no entienden la importancia del diálogo y la construcción de acuerdos para avanzar en su realización, parecen simplemente despreciar el valor de la política, la democracia y la ética del bien común.

Pues se niegan a avanzar, simplemente por aspirar a lo inalcanzable por las vías pacíficas y racionales para la solución de las controversias sociales en democracia.

En virtud de la aprobación de la idea de legislar de la reforma a las pensiones propuesta por el gobierno y, que sin lugar a dudas representa un avance, con votos de algunos parlamentarios radicales y DC, que han asistido al mandato republicano y democrático de legislar, en una materia en que los avances que permitan mejorar las pensiones cobran urgencia, nos encontramos con variadas e iluminadas teorías de eruditos de la politología que anuncian el reemergimiento del centro político. Y describen ese centro como la capacidad de gobernar con la izquierda o la derecha indistintamente o como un regreso a la política de los años 50 del siglo pasado, lo que resulta a lo menos ramplón.

Fijar el centro en la reivindicación de la ética de lo posible, en relación a la aproximación a las transformaciones políticas y sociales, desde el diálogo, con realismo, gradualidad, prudencia y sensatez que aconsejan el cuidado de la democracia, la paz, la cohesión social, para expresar la voluntad de las mayorías, sin descuidar el derecho de las minorías, el cuidado de la estabilidad política y económica para no afectar las confianzas que estimulen la inversión y la producción como principios económicos fundamentales para el progreso, sin abandonar los ideales y sueños propios de las personas libres, aquellos anhelos que permiten el avance, es bastante más justo que las afirmaciones peyorativas, soberbias, de aire inquisidor y despectivo respecto de la simple capacidad de votar coyunturalmente con uno u otro sector en base a un mero cálculo circunstancial.

La polarización de nuestra política partidaria, el inmediatismo electoral y la urgencia carente de sentido ético mínimo, de buscar desde la centro izquierda evitar la fuga de electorado a través del emergente FA de ideas refundacionales y poco dialogantes. Y de una centro derecha que evita la pérdida de masa electoral tentada por los cantos de sirena nacionalistas con evidente vocación populista, como respuesta los problemas de la modernidad, que encarna José Antonio Kast, la idea de maximizar el rendimiento electoral, conteniendo esas fugas, sin importar las diferencias existentes con quienes se pacte, aún que esto implique incluso relativizar principios como el respeto a la democracia y los DD.HH o cogobernar con quienes creen en modelos de desarrollo divergentes, poniendo en riesgo la gobernabilidad y la conducción propia del buen gobierno, hacen simplemente imperativo y urgente el emergimiento de un Centro Político democrático amplio y convocante. Refrescante, capaz de pensar el Chile de los próximos 50 años y desapegado de los anacrónicos relatos de la guerra fría, de izquierdas y derechas, para hacerse cargo de los nuevos paradigmas del siglo XXI.

El desarrollo y el progreso de la mano de la cuarta revolución industrial, no son el futuro, son lo que seamos capaces de hacer hoy para el futuro, y esas respuestas deben ser pensando un Chile que abrace los objetivos de una estrategia de desarrollo que haga suyas las ideas del multilateralismo y el fortalecimiento de la comunidad internacional, para seguir globalizando la democracia, los derechos humanos, la civilización y el progreso de la mano de la democracia liberal y el libre comercio, que permitió que la humanidad redujera la pobreza por ingresos del 36% al 10% entre los años 1990 y 2015 y que hoy enfoca sus esfuerzos en la pobreza por ingresos y en la multidimensional, para combatir la vulnerabilidad, que hace suyas las ideas de los 17 objetivos del desarrollo sostenible, que cree en una república inclusiva para amalgamar la nación como un proyecto colectivo, que transite hacia un desarrollo integral, inclusivo y sostenible, con Estados eficientes y eficaces y que permitan el máximo desarrollo material y espiritual de sus ciudadanos, que cree en el libre mercado, pero regulado y orientado al bien común, que entiende que los bienes públicos y ese bien común no son privativos del Estado, pero si es responsabilidad de este resguardarlos, es el centro que debe emerger con fuerza, poniendo las ideas por delante y sin desesperación electoral alguna, trazando su propio camino, convocante y dialogante pero más allá de la izquierda y la derecha, es quizá ese centro que pueda interpretar a ese nítido y mayoritario 32% que cree en el sentido común y que se sobrepone a las políticas de trincheras, declarándose de centro, en encuestas como la IPSOS 2018, entre tantas otras encuestas y estudios de opinión que evidencian este anhelo de un centro político nítido y libre del inmediatismo electoral.


Augusto Parra Ahumada

Presidente Fundación República en Marcha

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