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Región Resiliente



De región resiliente, con economía emergente al desarrollo y una región inteligente a partir de su capital social.

Una región inteligente es aquella que orienta su desarrollo en una mirada integral, orientada al bien común y a la observancia de los objetivos del desarrollo sostenible, integrando las tecnologías 4.0, en una gestión eficiente y eficaz orientada a objetivos cuantificables y medibles.

El gran desafío para la región del Bio Bio, en esa lógica es comenzar a poner números, indicadores y precisión a la gestión política y financiera, para poder hacernos cargo de transitar hacia una región que recupere liderazgo, dinamismo, competitividad y que avance hacia el desarrollo, en una estrategia que permita que, este vaya más allá del PIB, para convertirse en uno integral, inclusivo y sostenible, con rostro humano y plenamente orientado al bien común.

Eliminar la pobreza por ingresos, combatir las brechas de vulnerabilidad que determinan la pobreza multidimensional (Salud, Educación, Vivienda, Trabajo, etc) garantizar el acceso servicios básicos, bienes públicos de calidad, combatir la corrupción frontalmente, estimular el crecimiento económico, combatir el cambio climático, desarrollar economías de la innovación (Naranjas) e incorporación de valor permanente, desarrollar economías circulares que permitan a través del reciclaje transformar en materia prima aquellos desechos reutilizables, manejo adecuado de los residuos, reducir al máximo la contaminación atmosférica, océanos y cuerpos de agua, para detener degradación, cuidado del medio ambiente, estimular el desarrollo de energías limpias promover una democracia de calidad y la buena gobernanza, estimular la participación y el control social, promover el pleno respeto a los Derechos Humanos y estimular la cooperación y la formación de capital social.

Es posible no solo con el compromiso del Estado, sino que requiere un involucramiento de empresas (B) orientadas al bien común, las que deben ser orientadas, reguladas, estimuladas y certificadas en esa dirección, con la activa colaboración de una academia, que aporte conocimiento, que piense el desarrollo de la región y que estreche lazos, con el sector productivo, para promover la innovación y el desarrollo para incorporar valor permanente y con un Estado eficiente en la asignación de los recursos y con una mirada de largo plazo e instrumentos de planificación que cuenten con mecanismos de cuantificación y medición (Estrategia Regional de Desarrollo).

Gobernar significa adoptar decisiones y prioridades y estas se pueden adoptar bien cuando existen indicadores que las orienten adecuadamente para cerrar las brechas necesarias para alcanzar el desarrollo.

El informe de desigualdad territorial, continuidad del libro desiguales del PNUD para Chile, evidencia la desigualdad Sub Nacional, inter regional no es la más determinante, sino las brechas más significativas, se producen sub regionalmente al interior de la propia región y es ahí donde los índices de calidad de vida o desarrollo humano no llegan a entregar orientaciones precisas o generalizan demasiado, por cuanto resulta de carácter prioritario poder levantar y cruzar información, que nos permita identificar las brechas, para focalizar la inversión y las políticas necesarias, para combatir esa desigualdad inmoral y arbitraria dada por la territorialidad con absoluta y quirúrgica exactitud.

Si desagregamos el PIB regional, tenemos una proporción de participación en el PIB Nacional que nos sitúa como región, en casi 15 mil dólares per cápita, por debajo de los 27 mil totales de Chile y en el 11 lugar en participación en el PIB, con menos del 5% de este, lo que advierte una pérdida de liderazgo y competitividad progresiva y que no se condice con nuestra capacidad productiva y la fortaleza del conocimiento, que constituye parte de nuestro acervo.

Los Índices de Desarrollo Humano nos sitúan también por debajo de la media nacional, Bio Bio, 0,817 y Chile promediando 0,843 Según PNUD, nada abismante en lo grueso pero muy significativo cuando vamos a las cifras del mundo rural y constatamos que algunas de nuestras comunas se encuentran por debajo del 0,605.

Pobreza por ingresos de sobre 13%, por sobre el promedio nacional del 8,5% y siendo la segunda región después de la Araucanía, con mayor proporción de pobres por ingreso, con buenos indicadores eso si por debajo de la media nacional en materia de pobreza multidimensional, que en Chile supera el 20% de la población y en el caso nuestro esta sobre el 18%.

Con una gran desigualdad territorial y pobreza sumergida en las grandes cifras en su territorio interior y con urgencias sociales que deben ser cuantificadas y atendidas con prioridad, marcada por la provincia de Arauco, que es una zona de rezago, Alto Bio Bio y una importante población rural, con comunidades altamente postergadas, que requieren ser atendidas con un urgente sentido ético y moral.

Es la calidad de vida integral, abordando aspectos como el acceso a bienes básicos, la conectividad, el transporte, el acceso a la salud, el acceso a la vivienda, el acceso a la educación, la seguridad, las oportunidades de negocio, la calidad del medio ambiente, el acceso a equipamiento comunitario y la calidad de los bienes públicos los factores determinantes del desarrollo y ahí debemos contar con indicadores de calidad, para establecer adecuadamente las prioridades y las decisiones gubernamentales correctas y precisas dejando atrás la intuición y el instinto.

Abordar la internacionalización con inteligencia, no solo requiere de avanzar en la firma de nuevos acuerdos internacionales suscritos en el marco del traspaso de competencias desde la región, sino también catastrar las oportunidades, que entregan los tratados y acuerdos comerciales vigentes suscritos, por la cancillería, para explotar nuestro máximo potencial exportador y capitalizar las oportunidades de negocios hoy disponibles, así como revisar adecuadamente nuestras áreas críticas o de riesgo, que requieran protección, salvaguardas o reconversión oportuna, en un equilibrio que permita resguardar el valor y el potencial del libre comercio, para el crecimiento económico.

La diversificación de la matriz productiva, la incorporación de valor a través de i+D parece una frase repetida extraída de un lugar común, sin embargo adquiere singular importancia y debe ir acompañada de iniciativas como la del parque científico y tecnológico, la macro facultad de ingeniería entre otras iniciativas, que va la dirección de vincular la academia con el mundo productivo y comenzar a conectar esfuerzos del sector público, privado y la academia, dando consistencia al gran capital social, que es patrimonio del Bio Bio para la competitividad.

Los esfuerzos, para superar la baja proporción del PIB de 0,34% de inversión en innovación, que nos sitúa al fin de la tabla de la OCDE, requiere no solo esfuerzo público, ni de la academia, sino de esfuerzo integral incorporando al mundo privado, desarrollando capital social para la innovación desde el territorio, anhelo que debe ser acompañado por estímulos e inversión pública, desde el sector público; con un gran aporte de la academia que comienza en aumentar el número de carreras orientadas a la i+D+I, para poder ampliar nuestra proporción de científicos e investigadores equiparándonos al mundo desarrollado, estimulando la formación permanente y continua y facilitando por ejemplo cursos abiertos a la comunidad, niños, jóvenes y adultos mayores, para que puedan explotar el aprovechamiento de las herramientas tecnológicas y para que por ejemplo podamos masificar la capacidad de programar, desde la primera infancia a los adultos mayores. La academia debe comenzar a pensar el Chile de los próximos 20, 30 o 40 años; Y el sector privado debe fruto de este acompañamiento adquirir competitividad en el marco de la cuarta revolución industrial, pues en el entendimiento, la adaptación y la incorporación en estos procesos nos jugamos el desarrollo y el bien estar de las próximas generaciones.

El mundo comprendido que el combate al cambio climático y el cuidado de medio ambiente y el impulso al uso de energías renovables no convencionales tienen que ver con la habitabilidad del planeta y no es posible pensar el desarrollo sin la plena observancia al cuidado del medio ambiente desarrollando con fuerza aquella economía circular que permite transformar en materia prima los considerados desechos, una economía verde que se transforma además crecientemente en un factor de competitividad, haciendo seguimiento adecuado a las denominaciones de origen, a la trazabilidad y a las huellas hídricas y de CO2.

La región del Bio Bio a través del Instituto de asuntos hídricos de la Universidad de Concepción, con apoyo público, por ejemplo puede asumir el liderazgo en el seguimiento y certificación de la huella hídrica en América Latina, transformando el uso responsable, racional e inteligente del agua en un factor de competitividad.

Sector Público, Academia y Empresas comprometidas con el Bien Común o masificación de empresas y servicios (B), certificadas para convertir los objetivos del desarrollo sostenible y las buenas practicas no solo en una guía moral sino en factor económico y de competitividad es desarrollar región inteligente.

Comenzar a planificar el desarrollo con una mirada a un horizonte que observe las próximas generaciones y no las próximas elecciones, requiere de instrumentos de planificación adecuados y en esa lógica la actualización de la Estrategia Regional y los distintos instrumentos de planificación territorial, requieren de objetivos medibles y cuantificables.


Augusto Parra Ahumada

Presidente Fundación República en Marcha

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