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Necesidad de valorar la política y las instituciones del Estado en un contexto de crisis


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Es desalentador tomar el último Barómetro presentado hace algunos días por el Centro de Investigación de Opinión Pública Mori y darnos cuenta de la radiografía actual de nuestro país en diferentes áreas. Algunas conclusiones del estudio apuntan a que existe una sensación de estancamiento, coloca cinco de los principales problemas que preocupan a los chilenos en este momento: a) la delincuencia -en mayor medida a la clase alta-, b) trabajo -sobre todo a la clase baja-, c) corrupción, d) salud, e) pensiones. Sin duda que sorprende en el tercer lugar de las principales preocupaciones la corrupción -este germen que daña a las instituciones- y también el lugar que ocupan las pensiones, que están en el esfuerzo del actual gobierno, pero que a regañadientes ha convencido a algunos sectores de la oposición para avanzar en el tema. Por otro lado tenemos la medición del interés en la política, asunto que no es nuevo, si se muestra que existe un 75% de personas que expresan desinterés en este eje, lo cierto es que esto podría ir en aumento, si le adicionamos que para un 48% de los encuestados la política les genera un sentimiento de “desconfianza”. Y qué mejor reflejo de esta señal, si tenemos a las principales instituciones del Estado con caídas estrepitosas en el último tiempo, destacando al Poder Judicial y las Fuerzas Armadas, quienes al parecer en algunos de sus integrantes no estuvo calado el concepto de ética pública y han sido permanentes torbellinos a la integridad pública a través de sus inescrupulosos actos. ¿Cómo pedir confianza a la ciudadanía si en el velo de lo oscuro aparecen actos que atentan contra tanta manifestación de buenas prácticas plasmadas en la teoría?.

Cuando se pierde la confianza tanto en las instituciones como en las personas -el estudio muestra a los profesores y los médicos como los más confiables- no queda otra que poner todo en sospecha y apelar a esto que hoy se ha trasformado en un acto heroico de salvaguarda de la república: “la transparencia”. Sin duda que ese manto de oscuridad por el cual hoy muchos sienten en que estamos desde la institucionalidad pública se ha sido supliendo, por ejemplo a través de legislaciones que apunten al derecho de acceder a la información pública, considerando que el Estado poco a poco se ha ido abriendo y teniendo en cuenta a la transparencia como eje de respiro ante la sospecha que está inserta en la ciudadanía. Recordemos que hace unos días atrás, un ciudadano solicitó a la Oficina de Transparencia y Lobby de la Fuerza Aérea de Chile que se le entregue el costo que tuvo el viaje del hijo del Presidente de la República a una visita de Estado a China y Corea del Sur en un avión institucional, además de informar respecto al procedimiento de cobros que la institución realiza a particulares en estos viajes, razón por la cual la FACH se vio obligada por ley responder a esta solicitud, la cual despejó dudas, pero dejó a la autoridad en pésima posición. Es por este mismo motivo que es necesario citar el ensayo del filósofo coreano Byung-Chul Han quien en “La sociedad de la transparencia” aborda este tema en varios capítulos. Si bien es cierto que en la actualidad, se ha ido avanzando en que la institucionalidad genere más transparencia en sus actos, Han señala que este “imperativo -la transparencia- hace sospechoso todo lo que no se somete a la visibilidad”, siendo así un síntoma general en la población la desconfianza existente tanto hacia las personas como las instituciones. En esa misma línea, este autor expresa que estamos en una sociedad del control, donde la vigilancia es la esencia hacia quienes detentan el poder, lo cual a su juicio los deja sin libertad de acción, ya que no existe confianza hacia ellos -lo cual se vio reflejado en la actuación del ciudadano haciendo uso de su derecho de acceso a la información tras no creer en las declaraciones que el Ejecutivo dio respecto a este tema-. Por otra parte, el autor antes mencionado. finaliza ese capítulo señalando que; “La sociedad de la transparencia es una sociedad de la desconfianza y de la sospecha, que a causa de la desaparición de la confianza, se apoya en el control”.

Es cierto que la confianza en la política y sus instituciones no la recuperaremos de un día para otro, pero es cierto que debemos dejar el diagnostico y comenzar a trabajar mancomunadamente en algún tipo de solución, donde quienes hoy tienen la responsabilidad política de la marcha del país, tanto en el gobierno, como en el Congreso debe ser quienes den la primera señal y así demostrar que tanta madurez y compromiso tenemos con la democracia, el desarrollo y la protección de sus instituciones.

Si el Presidente de la República actúa con una visión de estadista tendría la oportunidad histórica de tomar este tema, y generar las bases políticas para lograr un gran acuerdo nacional que sea una guía para cimentar las bases de una posible solución. Se entiende que la carta de navegación que lo guía -su programa de gobierno, que permitió que hoy su gobierno esté en el poder- es el principal esfuerzo por el cual está abocado, pero no es excluyente que le añada este desafío. Se entiende que los gobiernos velen por cumplir sus promesas, pero muchas veces estas quedan en el olvido, no obstante, la crisis de confianza hacia la política y las instituciones ha calado fuertemente en el ADN ciudadano, y es un imperativo moral para quienes están en la cosa pública abogar por soluciones. Cabe destacar que este fenómeno no es como la medición semanal de aprobación a la que están acostumbrados en política, donde un día la aprobación del gobierno está bien y al otro día mal, esto requiere de un proceso mayor. No olvidemos lo que está pasando en el mundo, los surgimientos de “liderazgos” de corte populista, quienes aprovechan estas crisis para reivindicarse el rol de buenos y culpar a otros de ser “los malos y responsable de todo” estarían armando ya las plataformas de futuro a partir del status quo. La sumatoria de las sensaciones ciudadanas que afloran en relación con la política -que generalmente son de corte negativa- se capitalizarán por estos entes, quienes sin importar del eje político en que se encuentren solo generarán polarización, violencia en el discurso e invitaran a las personas a que crean que ellos serán quienes eliminen los “males de la sociedad”.


Eduardo Leiva Zumelzu

Secretario Ejecutivo Observatorio para la Calidad de la Democracia

Fundación República en Marcha

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