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La urgencia de una estrategia de desarrollo


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La concentración de la población en suelo urbano, una institucionalidad ambiental insuficiente, la sobre explotación de los recursos naturales, en la mayoría de los casos no renovables y un ordenamiento territorial que no ha sabido compatibilizar los asentamientos humanos con las industrias contaminantes, entre otros factores propios de la desregulación llevada al extremo, marcada por la ausencia de una estrategia que direccione e intensione el progreso hacia objetivos definidos, nos han llevado por el camino de la degradación de los elementos que dan origen a la vida del planeta y a profundizar fracturas sociales, de la mano del deterioro de la calidad de vida de las personas que horadan la gobernanza del progreso. El deterioro de la calidad del aire, el exceso de polución de gases con efecto invernadero, el mal manejo de residuos y la deforestación a acelerar el cambio climático, sometiendo hoy al planeta a una emergencia que sin lugar a dudas cobra prioridad, que incluso en decir de Stephen Hopkins, pone en riesgo la habitabilidad futura del planeta en un horizonte cercano y debe ser abordada como el principal de los paradigmas de cualquier vía o estrategia de desarrollo posible para la humanidad.


Chile de la mano de la economía de mercado, la democracia y la globalización con una muy fuerte apertura comercial a partir de los 90 ha reducido de manera exitosa la pobreza, por ingresos de más de un 45% a hoy el menos del 8% y multiplicado su riqueza, basando su éxito económico en la extracción y comercialización internacional de comodities, la internacionalización de bienes y servicios que hoy representa una cifra cercana al 65% PIB hace que podamos afirmar sin equivoco que la globalización y la apertura comercial regulada por un buen cuerpo de tratados de libre comercio no tienen sustituto en una opción distinta para Chile, sin embargo, el hacer una transición al desarrollo que trascienda al PIB, para lograr uno más humano, sostenible, perdurable en el tiempo y que se haga cargo de los nuevos paradigmas, requiere de un direccionamiento, una intencionalidad y una orientación estratégica en la dirección de afirmar el modelo, hacerlo humano, inclusivo, sostenible y sustentable.


Esto requiere de un clima colaborativo, para impulsar el desarrollo, requiere de asumir un compromiso con la incorporación de valor a la matriz, por vía de la innovación que haga permisible la diversificación de la matriz productiva, por un lado para que trascienda a la extracción de comodities y por otro debe incorporar un fuerte compromiso con el medio ambiente a través del impulso a las economías verdes, circulares y con energías, carbono neutrales, haciéndose cargo de los factores de vulnerabilidad ambiental y alimentarios, estimulando la obtención de los 17 ODS de la ONU y con una institucionalidad que proporcione reglas claras a los inversionistas y que otorgue certezas y garantías para estos, pero elevando los estándares a la declaración universal de los DD.HH., al artículo 19 de la Constitución que en su catálogo de garantías, considera derecho inalienable para los habitantes de nuestro territorio de vivir en un medio ambiente libre de contaminación y a los tratados internacionales, procesar adecuadamente los conflictos medioambientales, que evite la superposición de intereses, ciudadanos y productivos, para lo cual la democratización considerada en el acuerdo de Escazú, constituiría un avance fundamental para Chile, en materia de transparencia, control, participación y acceso a la justicia ambiental.


La descentralización entendida como la promoción del Estado al acceso libre e igualitario a bienes públicos proporcionados por este, independientemente del lugar en que se nace o se escoge para vivir, y la igualdad de derechos y ante la ley, constituyen el marco de sostenibilidad social en el tiempo de una estrategia de desarrollo inclusiva y que evita las fracturas sociales que puedan impedir el desarrollo, para dar paso a un país y territorios cohesionados con un tejido social fuerte y orientado a la construcción de un destino común, desafío que no es compatible con los conflictos ambientales o la existencia de zonas de sacrificio.


El Informe Anual del Foro Económico Mundial sobre cambio climático, advierte respecto del sentido de urgencia con el que se debe abordar la emergencia global y sindica a Chile como uno de los 10 países más vulnerables al cambio climático, por cuanto es momento de comenzar a elevar los estándares en materia de dotarnos de una institucionalidad técnica que debe proporcionar de reglas claras y justas a los inversores, estimulando la innovación y la reducción de la trazabilidad en la forma de producir, garantizando en plenitud el derecho de las personas en materia ambiental y de salud, combatiendo el cambio climático e impulsando sin temor un desarrollo económico pujante, que debe dejar de ver la preocupación ambiental como costo o amenaza y debe ver en la certificación de trazabilidad, en los tratados, acuerdos y convenciones internacionales, para convertir el cambio climático en una oportunidad y un factor de competitividad, en el marco de una verdadera revolución ética que oriente al modelo de desarrollo a través de una buena estrategia hacia el bien común como paradigma fundamental e imperativo moral.


Augusto Parra Ahumada

Presidente Fundación República en Marcha

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