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  • República en Marcha

La simplificación y el deterioro de la democracia


Fotografía: UdeC.cl

La semana política ha propinado duros golpes a la ya muy frágil democracia y sus instituciones sometidas a tensión y a ofrecer respuestas desesperadas ahí donde se ha ausentado el diálogo y la capacidad de alcanzar acuerdos en materias que deben ser políticas de Estado.

La simplificación de un debate poblado de slogans, prejuicios y monsergas como uno de los síntomas del deterioro de la política puede llevarnos por un camino que puede ir presentando una creciente incompatibilidad con la democracia, la razón, la ciencia y puede también resentir las posibilidades de progreso y rezagar los anhelos de alcanzar un mayor desarrollo.

A ratos la imposición altisonante de narrativas carentes de base epistemológica y de carácter dogmático hace trastabillar a la razón y también la libertad de pensamiento como consustancial a la democracia, conduciéndonos al riesgo incluso de la aberración voluntariosa y ramplona.

Por citar algunos ejemplos, cómo gana terreno a raíz de el desfonde del sistema de pensiones la idea de no más AFP y la sustitución por otro tipo de sistema, sin pasar revista a las complejidades propias de la cuarta revolución industrial, los impactos en la susceptibilidad de remplazo del 54% de empleos conocidos como señala el BID. Las tendencias en materia de remplazo, jibarización e inestabilidad del sector activo de la mano de la irrupción de nuevas tecnologías, que es el sector que da sustento a un posible sistema de reparto, evidencia un futuro difuso con una clara tendencia hacia la longevidad y el aumento de la población pasiva muy por sobre la capacidad de respuesta del sector activo.

Grandes economías han visto colapsar a los sistemas de reparto y estos parecen anacrónicos y más bien responder a la lógica de la segunda revolución industrial, basada en una industrialización de masas.

No cabe duda el sistema de capitalización individual, debe corregirse, perfeccionarse, orientarse al bien común y avanzar muy probablemente hacia un sistema mixto o hacia algunos pilares solidarios, pero pensar que en la sola monserga de no más AFP reside alguna solución viable es poco sensato.

Cosa similar ha ocurrido en estos días con el debate en torno al TC que es un órgano fundamental y consustancial de la democracia que asegura dignidad jurídica a la constitución.

El control de constitucionalidad o la inaplicabilidad entre otros roles fundamentales se aplica en 176 de 196 países del mundo y 103 tienen algún tribunal o corte especializada y en otros casos recae la función en la corte suprema como EE.UU o Argentina.

Uno podría discutir en el futuro proceso constituyente la composición o la forma de elegir a los integrantes en la búsqueda de legitimar al máximo su acción, pero quienes puedan pretender eliminarlo no aprecian el valor de la democracia y más bien podrían adherir a una suerte caudillismo o dictadura proletaria impuesta por mayorías circunstanciales carentes de contrapesos que no aseguraría el derecho de las minorías y que como decía Aristóteles podrían abrir paso a la barbarie, al primar el "Imperio de los hombres por sobre el imperio de la Ley y del Derecho", que es la forma de aceptar la arbitrariedad como forma de relacionarnos en una ya muy frágil convivencia colectiva.

No podemos seguir dando manotazos a la democracia, las instituciones republicanas es deber de todos cuidarlas y es de justicia generacional elevar hoy el nivel del debate público y cuidar las instituciones para ofrecer a nuestros hijos un país con paz social, democrático, cohesionado y capaz de avanzar hacia el progreso.


Augusto Parra Ahumada

Presidente Fundación República en Marcha

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