Buscar
  • República en Marcha

La revuelta de la razón, parte IV: “Y sin embargo se mueve”



En las columnas anteriores la reflexión se centró en el mundo académico, principalmente el ámbito docente. En esta oportunidad quisiera hacer una breve reflexión respecto al mundo científico.

“Eppur si mouve”, “y sin embargo, se mueve”, fueron las palabras que según la tradición histórica habría pronunciado el filósofo, astrónomo y matemático italiano Galileo Galilei, en momentos del juicio al que fue sometido por haber desobedecido el precepto inquisitorial de 1616 que - según la sentencia - le prohibía divulgar la teoría copernicana heliocéntrica como “un verdad”. Si bien, aún existe controversia respecto a la veracidad de esta leyenda, lo cierto es que retrata la valerosa actitud de Galileo caracterizada por una incorruptible honestidad intelectual, que lo llevaría a no claudicar en defender una verdad científicamente comprobada, incluso a expensas de su propia vida. Esto marcó el surgimiento de una “nueva” ética centrada en la razón y que por casi tres siglos abrazó la idea de que inclusive la vida podría ser un precio justo por pagar, en aras de preservar y relevar los fundamentos racionales de la realidad.

Por desgracia, nuestra atmósfera científica transita por un camino cada vez menos iluminado por la razón y más oscurecido por prejuicios y visiones dogmáticas. Debemos comprender que, si hay algo que ha permitido el desarrollo del conocimiento, ha sido la libertad de los científicos para formularse preguntas incomodas, provocadoras, incluso violentas, para una creencia establecida. ¿Qué hubiese ocurrido con la historia de las ciencias si Galileo hubiese actuado con cobardía? ¿Qué hubiese ocurrido si Galileo hubiese tomado las pancartas en rechazo al copernicanismo, tildado por aquella época de “hereje, violento e inaceptable”?

Los grandes momentos de iluminación científica de nuestra historia se han sostenido sobre sociedades que han abrazado la libertad y la prosperidad (Siglo de oro de Grecia, Renacimiento, movimientos liberales del XIX, etc). Incluso si analizamos en particular la vida de los grandes filósofos y científicos vemos - en una gran mayoría - que sus conclusiones emergieron de un proceso intelectual sin límites establecidos, ni siquiera por los marcos institucionales universitarios. Han sido espíritus independientes, libres y audaces los que se han atrevido a formular aquellas preguntas incomodas que han marcado nuestra evolución intelectual.

Para bien o para mal, en la actualidad la institución universitaria posee la hegemonía de la práctica científica. Numero de publicaciones, factores de impacto y proyectos adjudicados son indicadores claves en la acreditación de las universidades chilenas y extranjeras. Incluso en Chile creamos una institucionalidad estatal, con la creencia – mi juicio falsa - de que un ministerio (de Ciencia y Tecnología), por el solo hecho de existir, iba a incrementar la innovación y la productividad científica de nuestro país. Cuando lo cierto es que solo el gasto de personal del ministerio equivale al financiamiento de unos 300 proyectos FONIS (como dato los últimos 5 año se han adjudicado entre 15 y 22 proyectos). Es decir, si analizamos este hecho con la valentía de Galileo, debemos llegar a la dura conclusión de que “si es que el ministerio genera algo de progreso científico, lo realiza a expensas de la depredación de recursos de potenciales proyectos que podrían favorecer la creación de valor y conocimiento”.

Si los marcos universitarios y estatales han sido factores restrictivos para generación de líneas de investigación. Los canales de divulgación y difusión de conocimiento también han adoptado prácticas restrictivas de censura. Por ejemplo, en las normas de publicación de revistas científicas internacionales es común encontrar verdaderas declaraciones de censura en indicaciones normativas como: “Articles should contain nothing which might imply that one individual is superior to another on the grounds of race, sex, culture or any other characteristic, and should use inclusive language throughout”. Esta indicación nos obliga como científicos - si queremos publicar en esa revista - a evitar utilizar métodos que hagan comparaciones o jerarquizaciones en las variables mencionadas. Lo cual, deja fuera de la lista de las posibilidades “políticamente correctas” los mejores diseños de investigación para estudiar estos temas. Por su parte, en nuestro país la ANID (ex CONICYT) establece en las bases de concursos sugerencias normativas como “de mediar un empate entre los postulantes, el cupo se dirimirá por aquel género que se encuentre en inferioridad”, sin mirar criterios técnicos, científicos o por ultimo la importancia de la problemática a estudiar.

Mi ánimo no es realizar aquí un juicio analítico respecto a la controversia del género/sexo y sus derivadas (antes de formarse un juicio recomiendo leer dos excelentes libros: “La Neoinquisición” de Axel Kaiser y “El Segundo Sexo” de Simone de Beauvoir). Con los ejemplos mencionados solo quisiera ilustrar la existencia de una atmósfera creciente de irreflexión y dogmatismo, representada en estos criterios establecidos a partir de una “al menos discutible” veracidad científica. Produciendo efectos nefastos para nuestro desarrollo cultural e intelectual.

El filósofo español, José Ortega y Gasset nos enseñó que las circunstancias determinan al Ser. En este sentido, nuestra realidad actual sería comparable a la de un grupo de peces que, con el recorrer de sus generaciones más recientes, se han ido desplazando lentamente desde un manantial de agua cristalina a un estero con agua detenida. Todo esto sin percibir el cambio de turbidez del agua.

En tiempos de turbidez intelectual, el desafío de un verdadero científico es a no renunciar a los intentos por salir del cardumen, para mirar la realidad desde una perspectiva amplia, libre y sin prejuicios. La invitación es a despojarnos de las circunstancias que nos atan, para volver a ver la luminosidad del agua cristalina, tal como como si fuera la luz de un nuevo amanecer solsticial.


Iván Rodríguez Núñez

Kinesiólogo, Doctor en Ciencias.

50 vistas

© 2020 Fundación República en Marcha | www.republicaenmarcha.cl | contacto@republicaenmarcha.cl

  • Facebook - círculo blanco
  • Twitter - círculo blanco
  • YouTube - círculo blanco