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Idealismo y Realismo



En las postrimerías de su gobierno y luego de una dilatada trayectoria política y pública S. E. el Presidente de la República don Patricio Aylwin Azocar, en enero de 1994 ofreció con motivo de la distinción con el Doctorado Honoris Causa en la Universidad de Concepción una hermosa Clase Magistral, que abordó el Idealismo y el Realismo en una dimensión ética de la política, que cobra absoluta vigencia.

Don Patricio decía: "El idealismo entraña confianza y fe en el hombre, en su capacidad de perfección y de bien; cree en los valores éticos como móviles rectores de la conducta humana; impulsa a luchar por causas nobles vinculadas al progreso de las personas y las sociedades; alimenta sueños de un mundo mejor e invita a hacer lo posible -incluso a costa de sacrificios- por convertirlos en realidad.

El realismo se atiene a los hechos. A partir de la experiencia, advierte que el ser humano es criatura limitada y débil, capaz de virtudes y de pecados, de grandezas y miserias. No rechaza los grandes sueños, pero tampoco se deja tentar por ellos. Aprecia las dificultades y limitaciones, examina las probabilidades y no se arriesga a causas que juzga imposibles.

El idealismo es optimista; el realismo es escéptico.

Idealismo y realismo conviven en la existencia de las sociedades y de las personas, como lo refleja la gran novela de Cervantes, espejo de la vida humana. Don Quijote es idealista; Sancho Panza, realista.

En la política, parte importante de la actividad humana, también conviven idealismo y realismo, tal vez más que en ninguna otra."

Me permito compartir algunas reflexiones para señalar que Idealismo y Realismo, se funden en responsabilidad y no son antagónicos si no por contrario el realismo constituye la ética del Idealismo en cuanto motor para avanzar en la dirección mobilizadora de las utopías, pero siempre con responsabilidad y resguardando aquellos valores fundamentales que aseguran aquellos mínimos comunes, cómo la gobernabilidad democrática, la paz, la paz social, la democracia, el respeto a los derechos fundamentales, el Estado de Derecho, la justicia y la justicia social, que hacen posible dotar a la nación de sentido cohesivo y las bases para el progreso.

Pienso que el buen gobierno es en torno a objetivos y que el desafío de la política es ofrecer respuestas eficaces desde la política pública para alcanzar esos nobles objetivos colectivos, pero siempre con esa responsabilidad a la que nos invita don Patricio, siempre en la medida de lo posible, que no comprometa los valores señalados en el párrafo anterior, así como otros prioritarios fines y midiendo sus impactos y externalidades. Hoy las tentaciones populistas de respuestas fáciles muchas veces pese a la nobleza de sus intenciones, adolecen de viabilidad o recomendación técnica y es ahí donde la ética de lo posible, es la que hace viable el progreso y la vida colectiva de los pueblos.


Augusto Parra Ahumada

Presidente Fundación República en Marcha

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