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Hablemos de Desigualdad III



En el capítulo recién pasado de esta saga, en el esfuerzo de intentar con humildad objetivar el debate sobre la desigualdad, constatamos que nuestro GINI de base, o el resultado del mercado en la desigualdad, es comparable con el de cualquier país desarrollado e incluso los más igualitarios del planeta, sin embargo, comprobamos que la reducción de la desigualdad en el GINI de Chile, después de impuestos y transferencias, es marginal.

De ahí que, asumiendo el tamaño del Estado, no siendo este necesariamente pequeño y pese a tener espacio de crecimiento, enfrenta un problema de diseño y eficiencia.

En cuanto a diseño desde la oportunidad que ofrece el debate constitucional, podría ser pertinente comenzar a pensar el Estado desde un conjunto de objetivos de desarrollo que hagan posible intencionar un progreso inclusivo, que contribuya a cerrar las brechas de desigualdad que ponga la cohesión social y las dimensiones social y ambiental como base.

Entonces señalamos que cobra prioridad, el reconocimiento de los derechos humanos o fundamentales como estructura y a fuerza de principios, el reconocimiento de los 17 ODS del pacto global, como una forma de establecer un conjunto de mínimos éticos o formas de priorización que releven la dignidad por sobre otro tipo de consideraciones, en materia de inversión pública, para optimizar su rentabilidad desde el punto de vista social.

Impulsar la modernización del Estado, la descentralización para reducir la desigualdad territorial, aumentar los rangos de exigencia en la evaluación de políticas públicas, programas y gasto fiscal y modernizar el sistema de inversión público, en coherencia con los principios fundamentales.

Repensar la democracia, siempre liberal y representativa, para conciliar la voluntad de las mayorías con la protección de los derechos de las minorías, para eliminar todas aquellas barreras que puedan establecer alguna forma de privilegio arbitrario e igualarnos ante la democracia, perfeccionando contrapesos y control social y asegurando derechos políticos y civiles que en línea con los tratados internacionales, deben garantizar igualdad ante el sistema electoral, para que cada ciudadano pueda elegir y ser elegido en igualdad de condiciones.

El cuidado del Estado de Derecho y desplegar los esfuerzos necesarios para igualarnos ante la Ley.

El comienzo de la libertad, reside en el reconocimiento de la dignidad y la igualdad ante la Ley, la democracia y las oportunidades.

La igualdad de resultados, no es compatible con la libertad y si bien los Estados deben corregir el resultado del mercado para asegurar un conjunto de mínimos y seguridades en el acceso a aquellos bienes básicos que nos igualan y dignifican y emparejan las oportunidades, debe ser siempre en una proporción que nunca deje de observar los mínimos éticos y derechos fundamentales sin comprometer la libertad, asfixiar al progreso. Cuánta libertad sea posible cuanto Estado que sea necesario.

La principal de las amenazas a la libertad, aquellas que pueden poner en riesgo la democracia, la paz social y fracturar a las sociedades, son la discrecionalidad y la arbitrariedad. En ellas reside la corrupción, el abuso y aquellas formas de desigualdad material e inmaterial que pueden erosionar la vida social.


Augusto Parra Ahumada

Presidente Fundación República en Marcha

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