Buscar
  • República en Marcha

Hablemos de Desigualdad II



Esta columna, es parte de una saga en que espero contribuir a buscar las causas para explorar caminos posibles para superar la fractura social, marcada por la idea que la desigualdad es la responsable.

Seguiremos analizando sus múltiples dimensiones y hoy analizamos la desigualdad de ingresos.

Contra la tendencia, de a mayor crecimiento, mayor desigualdad, pasamos en el año 90 de un GINI de 0,54 a uno de 0,46 en 2018.

Sin embargo, cuando revisamos el GINI después de impuestos y transferencias o sea después de ejecutado un año presupuestario en la gestión del Estado, nos quedamos muy atrás.

Nuestro GINI de base o sea el resultado de la operación del mercado, nada tiene que envidiar al de los países más desarrollados, incluso partimos algo por debajo de Francia, Italia o Alemania.

Por ejemplo EE. UU tiene un GINI de base de 0,51 y después de impuestos y transferencias baja a un 0,39; Alemania tiene un base de 0,50 y baja después de impuestos y transferencias a un 0,29; Reino Unido pasa de un 0,51 a un 0,36; Italia de un 0,52 a un 0,33; Francia de 0,52 a 0,29 y Bélgica de un 0,49 a un 0,26.

En Chile el Gini de partida es de 0,50 y baja después de impuestos y transferencias a un 0,46, situándonos entre los 25 países con mayor ineficiencia en la reducción de la desigualdad de ingresos y en uno de los más bajos de la tabla.

¿En qué fallamos?

Podríamos afirmar entonces que la falla no se produce en la generación de la riqueza ni en la asignación del mercado y que más bien la falla proviene de la ineficiencia en la corrección del Estado, después de impuestos y transferencias.

Para algunos el problema radica en la carga tributaria que, si bien ha pasado de una recaudación del 13% del PIB en el año 90 a un 21% el 2018, sigue estando por debajo del promedio OCDE de un 34%, eso sí desmitificando y desmintiendo la idea que el Estado sea necesariamente pequeño.

Un presupuesto de 76 mil millones de dólares, en un PIB 305 mil millones de dólares, habla de un Estado de tamaño respetable.

Podríamos afirmar que, la focalización de las transferencias puede ser inadecuada y el costo de programas no necesariamente bien evaluados, alto, y con una carga significativa de gasto superfluo o innecesario, que no llega a las personas. En esa lógica bien cabe no descartar ir pensando en sistemas de transferencia directa, que sustituyan a los programas, en línea con la tendencia global de ir adaptándonos a sistemas de rentas básicas universales, frente a las amenazas de la incertidumbre y los efectos de la automatización, la inteligencia artificial y el internet de las cosas y su impacto en la reducción de empleos conocidos.

Asignamos bienes públicos con las distorsiones propias de un sistema de inversión público, que equivoca el criterio de rentabilidad social y tiende aumentar las brechas desigualdad, invirtiendo más donde hay menos urgencias sociales y priorizando número de beneficiarios, como queda en evidencia en la fractura territorial que marca a Chile, en múltiples diagnósticos internacionales como el segundo tomo del, libro “Desiguales” del PNUD.

De ahí que la descentralización, la adecuación del sistema de inversión pública y la modernización del Estado deben estar en el centro de una agenda que promueva la reducción de la desigualdad y que permita alcanzar mayor eficiencia.


Augusto Parra Ahumada

Presidente Fundación República en Marcha

8 vistas0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo