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En tiempos de Crisis Moral, la Respuesta debe ser más República

Columna Inspirada en nuestra última conferencia sobre La República y sus Desafíos, dictada por el Profesor Luis Riveros Cornejo.



Enfrentamos una crisis de confianza y credibilidad individual e institucional, que reclama con urgencia, conciencia y compromiso para comenzar el camino de su superación, constatada por estudios de la OCDE, en que registramos los índices más bajos de confianza individual de entre los países que la conforman y el sin fin de encuestas de opinión publica que reflejan la crisis de credibilidad de nuestras instituciones.


Las instituciones que constituyen una fuerza moral, orientadora, líder y conductora de la vida en sociedad, que aportan al perfeccionamiento humano y constituyen capital social y colectivo, languidecen frente a la pérdida de su ethos, su esencia y algunas incluso deplorablemente se derrumban transformadas en verdaderos carteles delincuenciales.

Cuando son las instituciones políticas, morales, económicas, sociales y democráticas las que fallan y casi colapsan y pese, quizás a reconocerles probablemente legitimidad, el individuo que se siente vulnerado, las enfrenta desde la desconfianza y en actitud defensiva y desafiante que tiende a diluir sus deberes y responsabilidades y que se resguarda en los derechos.


Una sociedad carente de una fuerza moral que oriente su vida colectiva, en que el valor de la vida en sociedad se diluye, en que impera el ser humanos como sujeto de derechos y no de deberes y responsabilidades, que basa la vida social en la demanda, la exigencia y que se siente sujeto de derechos individuales, sin responsabilidades sociales y colectivas, termina y arrasa con los valores republicanos del respeto, la tolerancia, de ver en el otro un legítimo otro, que se expresa desde la afirmación individual, como revelación de la verdad y que no dialoga con el resto de la sociedad. Es una sociedad condenada al deterioro de su vida social, democrática y republicana amenazada por los riesgos de la anarquía y con su democracia expuesta a los males del populismo, la demagogia , el caudillismo, el totalitarismo, los ultranacionalismos, entre otros; atenta contra la posibilidad del desarrollo humano, al dejar de creer en el Estado, en cuanto a la dimensión del bien común como vehículo para alcanzar una mejor calidad de vida y dignidad humana basada en la libertad, la igualdad en dignidad y derecho y en la fraternidad. Esto ocurre cuando la reacción es emocional y basada solo en estados de ánimo que son los que dan pábulo y nos hacen presa de las escuelas de la comunicación social, como la hipodérmica de Adorno, tendientes a la búsqueda de reacción automática, deshumanizada, carente de reflexión libre, marcada por las características de una sociedad de masa, en la definición de Ortega y Gasset, pero profundamente atomizada producto de las desconfianzas.


Es preciso entonces el llamado a la conciencia a recuperar la ética de las instituciones políticas y democráticas, como por ejemplo los Partidos Políticos, para que vuelvan a su vocación de formar opinión pública y a convocar grandes a grandes proyectos colectivos orientados al bien común, entendiendo que ganan verdadero Poder cuando recuperen dignidad, prestancia, confianza y credibilidad, y entendiendo ese Poder depositado por la ciudadanía, como instrumento de transformación social y en ningún caso un botín y renuncien de una buena vez a sus lógicas de agencias electorales y de empleo.

Es necesario que las Universidades y centros educacionales, recuperen su ethos y se orienten a la educación, en una dimisión integral y universal, que se conjuga con la verdadera universidad, en vez de focalizar sus esfuerzos en la matrícula como vía financiera y una formación estrictamente técnica y orientada a los ratings.


Es urgente que las grandes fuerzas morales de la sociedad, como la Iglesia Católica, pidan perdón, asuman su enorme responsabilidad con humildad y hagan sacrificios de transformación profunda.


Es necesario abordar reformas orientadas a la Modernización del Estado, para devolverlo al ejercicio del bien común, es relevante sin sacrificar, crecimiento y emprendimiento, como vía para el progreso y con racionalidad avanzar en una agenda de igualdad en dignidad del ser humano y que ponga un piso de equidad y justicia social, para enfrentar las oportunidades, pero también las grandes amenazas a la familia y el individuo con seguridad social, lo que es posible cuando los países progresan.


Pero ante todo es urgente que Ud. tome conciencia que es un sujeto social, que tiene deberes en sociedad, que ponga en valor la vida colectiva y que se haga responsable de la transformación que requieren nuestras instituciones, para que no retrocedamos y por el contrario avancemos hacia una sociedad, que forje un destino colectivo mejor.


Requerimos más humildad y legitimidad en el plano individual, si no confía en quien está al lado, trate al a lo menos de verlo como un ser humano igual a Ud. y tan legítimo como Ud. recupere el dialogo, póngase en su lugar, cambie afirmar por dialogar, del diálogo surge la riqueza de la humanidad que permite la inteligencia y el progreso.


Los Informes de calidad de vida de la OCDE, entre otros elementos que evalúa, mide el compromiso cívico y Chile tiene nota 0,0, la más baja de los países que conforman esta institución y pues, requerimos educación cívica, como una que oriente la formación de futuras generaciones, capaces de superar este difícil trance histórico y dotarnos una convivencia social como fuerza transformadora para lograr una sociedad más humana y capaz de hacerse cargo de los enormes desafíos que imponen los tiempos de disrupción y transformación que vivimos, para un Chile mejor.


La Res pública o República, son el Estado como forma de gobierno público, de todos y para todos, donde nadie sobra, donde democráticamente se expresa la mayoría, sin nunca desproteger el derecho de las minorías, se soporta por lo mismo en el Estado de Derecho, con División y autonomía e independencia de los Poderes de Estado, basado en la Democracia Liberal, representativa y para que todos puedan sentirse parte de esta nación amalgamada como proyecto colectivo, es precisa la igualdad en dignidad y derecho, es preciso el respeto y la tolerancia, como elementos que facilitan la cohesión y la paz social.


El Estado no puede ser coartado ni raptado por nadie, ni siquiera por una mayoría circunstancial y esta República de la que nos declaramos promotores y guardianes se construye y se soporta sobre la base de la libertad conjugada con la igualdad y la fraternidad universal.


Los invitamos a construir ese Chile sobre la base del Amor.


Augusto Parra Ahumada.

Presidente Fundación República en Marcha.

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