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En Defensa de la República


Augusto Parra Ahumada

Las páginas probablemente más bellas, épicas y de mayor significado de la historia de nuestro amado Chile, llevan el sello indeleble del carácter republicano de la nación impreso en su proceso emancipatorio de independencia, como la respuesta civilizatoriamente más avanzada que registre las formas de organización de la nación, en respuesta a la monarquía y a las distintas formas de tiranía.

Es que Chile optó por el camino de la libertad, desde una institucionalidad que ofreciera respuesta a la arbitrariedad, a la discrecionalidad, al totalitarismo para fundar una República Democrática que funcionara bajo el imperio del reconocimiento del derecho, la igualdad civil y política de sus ciudadanos, la democracia y la independencia de los Poderes del Estado.

En el decir de Aristóteles "es el impulso a la democracia como respuesta a la barbarie, para vivir bajo el imperio de la Ley y no bajo el imperio de los hombres", aludiendo a toda forma de arbitrariedad y discrecionalidad.

Las conquistas civilizatorias en materia de derechos civiles y políticos logradas en el siglo XX, se conjugan con el carácter y el espíritu de la República que dota a la nación de una dimensión pública que permite el pleno reconocimiento e inclusión de cada chileno independientemente de su condición social, su posición política, credo religioso, raza, género o condición sexual.

La discusión de la forma de Estado, para definir administrativamente su rol y sus esferas de presencia, corresponden a una discusión distinta que va por otro carril, al de la discusión del carácter de la nación como República Democrática.

Y si bien desde su definición epistemológica la mejor forma de reconocimiento de la libertad, la dignidad y los derechos de la diversidad de los integrantes de la nación, es la República Democrática.

Queda la impresión, que subyace a la idea de clausurar los ideales republicanos, o algunas pulsiones refundacionales que rayan en el golpismo constitucional e institucional, al desconocer el marco y el mandato constitucional que enmarca el funcionamiento de la convención, desde la Ley 21.200, que podría asociarse en el mejor de los casos al desconocimiento de algunos constituyentes o a alguna tentación totalitaria, refundacional que aspira a desconocer nuestra historia y el valor de la República y la democracia.

Es la hora de reivindicar la República Democrática para seguir afianzando la nación como un proyecto colectivo inclusivo, cohesivo fundado en el respeto, la tolerancia y la fraternidad. Para abrazar un futuro compartido.


Augusto Parra Ahumada

Presidente Fundación República en Marcha

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