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El Riesgo del Constitucionalismo Mágico III



A medida que perdemos la capacidad de escucharnos, unos a otros, la democracia se vuelve menos significativa y se parece más al censo de algunas tribus, cada una de las cuales vota más de acuerdo con lealtades tribales, que con un juicio sensato de las prioridades (Abhjit Banerjee y Ester Duflo).

Para Daniel Innerarity, "La principal amenaza de la democracia no es la violencia ni la corrupción o la ineficiencia, sino la simplicidad."

La reducción de la política a la afirmación de los propios ideales, su simplificación condescendiente, las respuestas fáciles a los problemas complejos, entre otros males que en muchos casos evidencian el avance del populismo y por otro el deterioro de la convivencia colectiva y de las instituciones democráticas en su capacidad deliberativa para ofrecer soluciones posibles, vienen a constatar la fragilidad de la democracia.

Podríamos, por ejemplo, a partir de un largo listado que no viene al caso enumerar para efectos de esta columna, constatar como factualmente se ha ido instalando un parlamentarismo en el marco de un régimen presidencial, deteriorando la institucionalidad y la gobernabilidad democrática, abriendo paso a una especie de parlamentarismo de facto.

Para muchos entonces la sustitución del régimen político presidencial podría constituir la solución lógica, sin embargo, muchas de las respuestas a la crisis política, no pasan por el constitucionalismo mágico, sino residen en el plano de aquello que la constitución no puede resolver, pero nosotros sí.

Para Max Weber, hay dos dimensiones éticas con relación a la política, la ética de la convicción y la de la responsabilidad y en una priorización esta última es la que cobra mayor prevalencia. Hace un rato podemos constatar, la afirmación de las propias convicciones a estado por sobre la responsabilidad republicana del cuidado de la democracia. Podríamos afirmar entonces sin temor a equívocos que estamos frente a la necesidad de un cambio cultural de la ciudadanía y los actores políticos, y un cambio en la cultura institucional de las instituciones democráticas, hacia la ética de la responsabilidad.

La constitución, por vía de la moderación del régimen presidencial contemplando algunas medidas, como la revisión del sistema electoral, pasar la elección parlamentaria a la segunda vuelta, corregir la formulación de la agenda y urgencias legislativas y reservando algunas materias a la exclusividad de la iniciativa parlamentaria, podría contribuir a generar por un lado un mayor contrapeso democrático y por otro condiciones para una cooperación y trabajo conjunto entre el poder ejecutivo y el legislativo, para reforzar la gobernabilidad democrática. Sin embargo, el aporte constitucional a generar un marco institucional que facilite el perfeccionamiento de la democracia y el robustecimiento de sus instituciones no será suficiente si nuestros representantes insisten en abdicar respetar la constitución que juraron respetar y si siguen aceptando la violencia como vía política, si no cuidan de la gobernabilidad y si no experimentan ese cambio cultural hacia la ética de la responsabilidad que Chile reclama.


Augusto Parra Ahumada

Presidente Fundación República en Marcha

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