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El Delicado Equilibrio

El progreso se sustenta en la prudencia y la sensatez, esa es la primicia que permite conciliar valores que muchas veces se contraponen y no se deja tentar por estridencias, asume que el máximo desarrollo material y espiritual del ser humano es posible de alcanzar desde la libertad, pero que esa libertad limita en la libertad de otro, en el derecho y requiere para ser efectiva de igualdad en dignidad humana, para que el ejercicio de la libertad no convierta el Poder de uno en el sometimiento de otro. Como plantean James Robinson y Darón Asemuglu en su reciente libro El Pasillo Estrecho, La libertad no es el orden natural de la humanidad, solo surge cuando se logra un equilibrio delicado y frágil entre el Estado y la sociedad. Ese delicado y frágil equilibrio, requiere pasar de la quimera del colectivismo que aspira a un Estado omnipresente que tiende a anular o limitar la libertad individual, así como de la lógica de limitar al Estado a una expresión reducida para asegurar la prevalencia de la libertad individual por sobre el bien colectivo. Por tanta libertad y libre emprendimiento como sea posible, para asegurar ese máximo desarrollo y realización material y espiritual como sea posible y tanto Estado como sea necesario para asegurar el bien común y el imperio de la igualdad en dignidad para asegurar esa verdadera libertad en que nadie quede al arbitrio de la arbitrariedad de otro. Ese delicado equilibrio debe atravesar nuestro ordenamiento jurídico, pues es el imperio del Derecho como señala Aristóteles el que asegura la democracia y la libertad en un sentido Republicano. Ese ordenamiento jurídico, que acompañe un camino de progreso hacia el desarrollo y uno integral, inclusivo y sostenible, requiere del análisis, la mesura, la templanza y la sensatez propia de la paz y la observancia del Estado de derecho. Por cuanto yendo hacia la coyuntura constituyendo un imperativo la actualización de la constitución política de la republica a los paradigmas de justicia, dignidad y libertad en que podemos avanzar. No puede darse un clima de violencia, amenaza, ni chantaje de ninguna especie y debe ser sin tentaciones refundacionales que desconozcan aquello en lo que hemos avanzado y progresado. Podemos avanzar en un marco constitucional que favorezca la descentralización, político administrativo y fiscal; en moderar el presidencialismo para perfeccionar nuestra democracia; en elevar a rango constitucional los principios de la responsabilidad fiscal; en un Estado social y democrático de derechos, que proporcione derechos sociales acotados aquellas materias básicas que el Estado responsablemente puede cubrir sin comprometer expectativas inviables y observando las normas de responsabilidad fiscal; podemos impulsar reformas que acompañen la eficiencia y la eficacia del Estado a través de un proceso de modernización que nos permita observar, seguir, corregir y perfeccionar las políticas públicas y el gasto, en función de objetivos definidos; podemos impulsar políticas constitucionales que favorezcan las miradas de largo plazo y que favorezcan las miradas de Estado para impulsar el desarrollo; Podemos generar un marco que permita explotar nuestros recursos naturales de manera más racional, compartiendo los beneficios, asegurando mayor sustentabilidad y cuidando no afectar al sistema productivo desde miradas graduales, etc. Desarrollo y progreso, dependen de la prudencia, la inteligencia, la prudencia y la sensatez con que abordemos los desafíos del día después de mañana 26 de abril.

Augusto Parra Ahumada Presidente Fundación República en Marcha

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