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Cuarta Revolución Industrial y la Política del Futuro



Muchas personas sienten que nuestros sistemas políticos están rotos, agotados, ¿hay algo que se puede hacer para arreglarlo?, hay quienes creen que el desenlace populista es inevitable y si vemos los datos caeremos en la cuenta que la participación es cada vez menos frecuente, lo que es caldo de cultivo para lo primero. La baja participación es un síntoma que observamos hace décadas, dedicando enorme tiempo a su análisis, sin encontrar cura. No es algo particular y exclusivo de nuestro país. Si observamos la participación mundial encontramos que la mediana del mundo en cuanto a participación fue sólo un 67% y en Europa solo un 42% de personas eligió al último Parlamento Europeo. En nuestro país, en la Elección Presidencial, Parlamentaria y de Consejeros Regionales del año 2017 sufragó solo un 46,6%, siendo un 48,9% la población que votó en segunda vuelta.

Pareciera ser que la ciudadanía se ha cansado de la política y lo complejo es que nuestros paradigmas están por expirar. Estamos avanzando hacia una revolución tecnológica que alterará fundamentalmente la forma en que vivimos, trabajamos y nos relacionamos unos con otros. En su escala, alcance y complejidad, la transformación será diferente a todo lo que la humanidad haya experimentado antes. Todavía no sabemos exactamente cómo se desarrollará, y es que no existen los expertos del futuro, pero una cosa está clara: la respuesta debe ser integral, involucrando a todos los interesados ​​de la política global, desde los sectores público y privado, hasta la academia y la sociedad civil. Absolutamente todos.

A modo de síntesis, recordaremos que la Primera Revolución Industrial utilizó agua y vapor para mecanizar la producción. Aquí empezó la automatización de muchos procesos, el telar por ejemplo. La Segunda Revolución Industrial usó energía eléctrica para crear producción en masa. La Tercera utilizó electrónica y tecnología de la información para automatizar la producción. Ahora, esta Cuarta Revolución Industrial se caracteriza por una fusión de tecnologías que difumina las líneas entre las esferas física, digital y biológica.

Hay tres razones por las cuales las transformaciones de hoy representan la llegada de una nueva era:

1) Velocidad, la que no tiene precedentes históricos, en la tierra las cosas siempre han cambiado, pero nunca lo han hecho tan rápido, es un salto exponencial.

2) Alcance, no existe nada ni nadie que no se vea afectado. Todas las industrias, gobiernos, etc., se ven alcanzados por el devenir de la tecnología.

3) Impacto en los sistemas, lo que anuncia la transformación de sistemas completos de producción, gestión y gobierno.

El mundo está cambiando. Las posibilidades de miles de millones de personas conectadas por dispositivos móviles, con una potencia de procesamiento, capacidad de almacenamiento y acceso al conocimiento sin precedentes, son ilimitadas. Y estas posibilidades se multiplicarán por los avances tecnológicos emergentes en campos como la inteligencia artificial, la robótica, el Internet de las cosas, los vehículos autónomos, la impresión 3D, la nanotecnología, la biotecnología, la ciencia de los materiales, el almacenamiento de energía, la computación cuántica, por solo nombrar algunas, y con todo ello no parece razonable que el sistema político se mantenga bajo las lógicas que funcionaban en la Primera Revolución Industrial, por lo que a medida que los mundos físico, digital y biológico continúan convergiendo, las nuevas tecnologías y plataformas permitirán a los ciudadanos involucrarse cada vez más con los gobiernos, expresar sus opiniones, coordinar sus esfuerzos e incluso eludir la supervisión de las autoridades públicas. Algo de esto ya ocurre. Antes dar una opinión implicaba buscar un intermediario, un diario, una radio, hoy simplemente utilizamos un teléfono y podemos directamente contactar al presidente, a sus ministros y transmitir voz, fotos y videos.

Simultáneamente, los gobiernos obtendrán nuevos poderes tecnológicos y aumentarán su control sobre las poblaciones, basándose en sistemas de vigilancia generalizados y la capacidad de controlar la infraestructura digital. Algo de esto ya vemos, el gobierno accede a cámaras por doquier, puede saber con quién hablamos y nuestro RUT (DNI) se encuentra ampliamente vinculado.

Esta hipervigilancia será bidireccional y los gobiernos se enfrentarán cada vez más a la presión de cambiar su enfoque actual de participación pública y formulación de políticas, ya que su papel central de llevar a cabo la política disminuye debido a las nuevas fuentes de competencia y la redistribución y descentralización del poder que las nuevas tecnologías hacen posible. Algo de esto se confirma cuando gracias a las redes sociales las personas convocan a protestas, realizan denuncias y resuelven temáticas donde el Estado ha sido ineficiente. En este mismo sentido, a futuro diremos que antiguamente se realizaba el Censo cada 10 años y los gestores de la cosa pública del mañana no entenderán cómo se podía construir políticas públicas sin tener data en tiempo real. Esperemos que esto nos otorgue mayor precisión al momento de tomar decisiones públicas.

En la última década hemos aprendido que la data que las personas usan para comunicarse con sus amigos y con sus familias, también es utilizada por los partidos políticos para focalizar la propaganda con una alta precisión, pero esta idea de focalizar la propaganda con fines políticos no es nueva. Conocer bien al electorado es casi una garantía de éxito. Esta necesidad de hacer que una campaña sea altamente focalizada se vincula inherentemente con nuestro sistema electoral representativo, que hace necesario que cada cierta cantidad de años concurramos a las urnas para elegir a alguien que nos va a representar en la toma de decisiones. Si bien se ha pensado en instaurar un sistema de democracia directa, este finalmente termina siendo inviable por el alto volumen de proyectos de ley que son estudiados en el transcurso de un año, lo que se suma al tiempo que se debiese destinar a conocer las distintas inquietudes que posee la ciudadanía y participar de actividades propias de la comunidad. Ciertamente parece más atractivo elegir a alguien que lo haga por nosotros.

Pero la tecnología pone una voz de alerta, ya que ¿será posible automatizar la gestión política?. La idea de la automatización no es reciente, como tampoco la idea de usar software que colaboren en la toma de decisiones, en el presente la usamos a diario, haciendo que estos algoritmos nos recomienden películas, rutas para esquivar el tráfico, música, artículos que nos gustaría comprar, y un largo etc.

Quizás, entonces, sea posible un futuro en el cual la democracia sea distinta, ya que no tendríamos que votar por un representante que me represente a mí y a muchos otros más, Sino que contaríamos con un software personalizado que solo representaría a una persona. Este software tendría definidos mis intereses y tal como hoy plataformas como Netflix nos pregunta si nos gustan más las películas de acción, comedias, aventuras, ciencia ficción, o Spotify nos consulta el estilo de música, artista, estado de ánimo o situación en la que estamos y en base a nuestras preferencias nos formulan recomendaciones, en el futuro pudiese existir este sistema que nos permita definir nuestros gustos e intereses, señalar qué tipo de decisión tomaríamos ante el proyecto A, el proyecto B, el proyecto C y en base a eso, decidir de forma autónoma, de qué forma votaríamos ante el proyecto D y los sucesivos.

Sin duda que el sistema deberá contener muchas consideraciones para evitar los sesgos que pueden dañar la democracia, pero ciertamente puede ser una realidad.

La descentralización impondrá desafíos tendientes a acercar la toma de desiciones a la ciudadanía, pero su impacto dependerá del cómo se implementa.

En ese entendido el llamado es a reflexionar en que las estructuras políticas deben adaptarse, es esta capacidad de adaptación de los sistemas gubernamentales y las autoridades públicas la que determinará su supervivencia. Si demuestran ser capaces de abrazar un mundo de cambios disruptivos, sometiendo sus estructuras a los niveles de transparencia y eficiencia que les permitirán mantener su ventaja competitiva, resistirán. Si no pueden evolucionar, se enfrentarán a problemas cada vez mayores.


Claudio Sanhueza Inostroza

Director Ejecutivo Fundación República en Marcha

Psicólogo, MBA


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