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Apasionados por la cosa pública, un elemento diferenciador


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Quizás para muchos entender y sumergirse en los asuntos públicos es sólo para quienes tienen tiempo, dinero e interés, una percepción que se ha extendido en el tiempo y en parte ha contribuido al alejamiento de la ciudadanía, lo cual sin duda excluye y minimiza el rol ciudadano en estas materias. Pero otro de los factores que ronda y que cuestiona a quienes están en lo público y en particular en la política, es la alta remuneración que perciben diferentes agentes públicos que se desempeñan en el Estado, a propósito de lo que se ha discutido y ha estado en el foco del huracán, especialmente en aquellos que se desempeñan en el poder legislativo y perciben las famosas dietas parlamentarias. Desde luego que genera ira y frustración en la ciudadanía, no solo lo antes mencionado, que ni siquiera se ha sabido argumentar bien por quienes deberían hacerlo, sino también el ver a la actividad política como un espacio que genera “buenos dividendos”, en opiniones más osadas se ya llegado a pensar la política como algo “rentable”, lo cual sin duda daña enormemente esa vocación de servir a los demás, y que a través de la irresponsabilidad de algunos solo ha provocado el alejamiento de muchos.

Aspirar al poder, hoy parece sinónimo de regalías, distribución de cargos en el aparato administrativo del Estado -el trabajo que han hecho los partidos políticos- y la búsqueda del bien personal, contrastado por supuesto con el trabajo anónimo que muchos compatriotas desde diversas ópticas contribuyen a que se mejore la calidad de vida colectiva, pero desde una perspectiva que no se mezcle con la política, puesto que así no daña esa obra de buena voluntad que realizan, la cual no necesariamente está vinculada a la idea de la búsqueda del poder. Lo cierto es que existe una desconexión en esto, se habla mucho de la cooperación entre diversos entes, pero al final del día nos damos cuenta de que la política es la herramienta con la cual podremos pavimentar posibles soluciones, sin duda con el trabajo de múltiples actores, pero aun así no existe una congruencia en ello, que quizás en parte se debe por lo anteriormente planteado.

Es valorable y no excluyente que quienes viven para la política – en palabras de Weber a aquellos que no tienen a esta como fuente de ingresos permanente- estén realizando aportes desde muchos frentes, algo así como honorífico- que quizás sea muy aceptado y reconocido por la ciudadanía- por otro lado, no podemos dejar en desequilibrio a quien quiera dedicarse a la política a tiempo completo, y que esta sea su sustento económico, donde obviamente esté aterrizado a la realidad del país y no se vuelva algo desorbitante, pienso por ejemplo en dirigentes de diferente índole; sociales, culturales, políticos, gremiales, que han actuado en una lógica de visión de Estado, sin duda desde sus esferas y que serian un tremendo aporte para oxigenar y devolver la credibilidad y la paz social tan necesaria para el buen funcionamiento de la vida nacional.

Al final del día como no va a ser gratificante que el esfuerzo conjunto que realizan ciudadanos libres, -sin mirar oportunismos coyunturales ni otras mediocridades-en pos de contribuir a la mejor calidad de vida de las personas exista y no sea reconocido, lo cierto es que esto debe ser canalizado por la política, puesto que así se contribuirá a que exista mayor sintonía con los desafíos de país. Esa actitud debe ser el modelo para que muchos más ciudadanos puedan descubrir que el avance de una nación no solo depende de un grupo exclusivo que toma las decisiones desde la esfera del Estado, sino también el gran valor que aporta la sociedad civil organizada, de la cual ellos pueden hacerse parte. Hannah Arendt en su ensayo “La libertad de ser libres” expresa que si hay algo que caracterizaba en común a los hombres de la revolución estadounidense y francesa era su fiel y apasionado deseo de participar en los asuntos públicos, ¿cómo pretender que nuestra voz se escuche y se realicen cambios si no nos apegamos a los asuntos públicos?, sin duda no pretendiendo adoctrinar a nadie ni menos imponiendo determinadas formas de pensar, sino tan solo incentivando a la reflexión para no ser espectadores de una sociedad que de a poco está perdiendo sintonía con su República.

Hoy el desafío y compromiso que tenemos quienes nos interesa la cosa pública es invitar a muchas más personas, que sientan que a través del respeto, la tolerancia y la libertad puedan estar en un espacio que es de todos y no solo de algunos, aquellos que con talento e interés en mejorar la calidad de vida de sus compatriotas, sean un aporte al desarrollo de sus territorios y a la dignificación de la vida pública nacional, que hoy solo está sumergida en el constante cuestionamiento, tanto por la vía vociferante detrás de pantalla y que en algunos casos de forma violenta, algo que sin duda atenta contra lo anteriormente expresado.


Eduardo Leiva Zumelzu

Administrador Público, Licenciado en Ciencias Políticas

Secretario Ejecutivo del Observatorio para la Calidad de la Democracia

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