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A Renovar la Esperanza


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He compartido con ustedes a través de esta columna en más de alguna oportunidad dudas respecto de la viabilidad del aporte del plebiscito en medio de un clima de violencia y de chantaje y he puesto en cuestión la oportunidad del debate constitucional.

Hemos fustigado del mismo modo, la carencia de contenidos en el discurso de unos y otros, la pobreza del debate y lo deplorable que resultan los slogans, las monsergas y las descalificaciones a los adversarios, de las que han sido presa tanto partidarios del apruebo como del rechazo.

En virtud del sombrío diagnóstico, he querido venir hoy a sembrar una semilla de esperanza.

En medio de una profunda fractura social y política el plebiscito, pudiere constituir el comienzo de un camino que está lejos de culminar el día 26 del que debemos rescatar casi como ofrenda de los dioses el que está concebido como una vía pacífica, democrática e institucional, no para superar la crisis, como quizá algún neófito en algún momento pudiere haber pensado, pero si para aportar en parte de la solución.

Que el plebiscito sea parte de la solución y no del problema depende, de seguir siempre causes pacíficos, democráticos e institucionales para resolver los conflictos y de algunas ideas que paso a enumerar:

1.- Creo de lo que seamos capaces de hacer el día siguiente, debemos tanto en virtud de un resultado que arroje el apruebo, como el rechazo, impulsar algunas reformas que contribuyan al perfeccionamiento de nuestra democracia, que acompañen una debida modernización del Estado, que estimulen la descentralización, que acompañen los desafíos que impone la emergencia climática, que contribuyan a la explotación más racional de los recursos naturales, entendidos como bienes cuyo beneficio debe ser compartido, que estimule la responsabilidad fiscal y el buen uso de los recursos públicos, que refuerce la autonomía de los Poderes del Estado y órganos estratégicos y que desprovisto de cargas ideológicas, contribuya a garantizar aquellos mínimos comunes, que faciliten luego la existencia de cuerpos legales más flexibles y orientados al fortalecimiento de un Estado regulador y garante del bien común, sin caer en tentaciones refundacionales, para avanzar hacia consagrar los anhelos de libertad e igualdad en su justo, sutil y delicado equilibrio de coexistencia necesaria, para avanzar hacia un desarrollo integral, inclusivo y sostenible.

2.- Dependemos de la capacidad que tengamos de soltar los prejuicios y el temor a las ideas de otros, dejemos de estigmatizar a quienes piensan distinto y abordemos el dialogo con prudencia, responsabilidad y respeto.

3.- La anhelada paz social, como piso mínimo común, para retomar una senda de progreso parece no depender del plebiscito y su resultado, sino de un conjunto de esfuerzos compartidos, por ir al rescate de la democracia, del orden público y de la paz como base que siente los cimientos para a partir de ellas, avanzar en una agenda social agresiva que combata los abusos y que conduzca al Estado por el camino de proveer mayor igualdad de trato y en la equivalencia de bienes públicos que proporciona a sus ciudadanos, así como proveer un piso de derechos sociales que faciliten las oportunidades para seguir mejorando en materia de movilidad social, que sea coherente con nuestras capacidades financieras y con los principios de responsabilidad fiscal.


Augusto Parra Ahumada

Presidente Fundación República en Marcha

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