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A propósito del deterioro de la política



El valor de la democracia liberal reside en esencia en la posibilidad de expresar la voluntad de las mayorías, sin descuidar el derecho y la plena inclusión de las minorías, principio que se funda en el Derecho y el Estado de Derecho, en la separación y mayor autonomía posible de los Poderes del Estado en el resguardo de la libertad y el derecho de toda arbitrariedad, así como en el reconocimiento de un orden institucional que determine la convivencia colectiva.

La gobernabilidad democrática, requiere de compromiso republicano, con ese fin ayudan determinadas habilidades de los representantes, es determinante también el respeto al mandato constitucional del que un determinado representante es depositario, así como el respeto al juramento constitucional que se presta al asumir determinada responsabilidad, pero también de la buena voluntad y compromiso democrático de quienes integran los distintos Poderes del Estado.

Hoy asistimos a un deterioro de la política republicana sometida a la política partidista verdaderamente alarmante y que puede resultar en un deterioro de la gobernabilidad democrática, del ordenamiento institucional, del Estado de Derecho y que puede poner en entredicho incluso el valor de la democracia.

Una acción pública que pone el valor de mayorías circunstanciales, por sobre el resguardo del derecho, que incurre en arbitrariedad y que siente esa mayoría, le puede hacer por arte divino poseedor de una verdad revelada, al interior de un Poder del Estado o a través de expresiones democráticas de otra índole, y que incurre en arbitrariedad, asignando a la voluntad de la mayoría incluso una cierta superioridad moral, pone en entre dicho a la propia democracia y sus instrumentos institucionales para procesar y deliberar en vida colectiva de la nación. Y lesiona el caracter republicano, que amalgama a la nación como proyecto colectivo, deteriorando la cohesión, la convivencia democrática y el pacto que da soporte a la vida en común.

Aún estamos a tiempo pero es evidente la fractura a manos de una política que lejos de constituir un factor de paz, de paz social, de cohesión, entendimiento y colaboración, falta a su ética fundamental, incluso abandonado su naturaleza de cause de ideas, para entregarse a la lógica de las ventajas menores que priorizan imponer derrotas a los adversarios, por sobre la posibilidad a lo menos aportar en la dirección de factor de gobernabilidad en la vida democrática del país.

En la era del conocimiento, de los datos y la ciencia, resulta fundamental elevar la calidad de la deliberación democrática de los representantes, para poner el derecho sobre la arbitrariedad, la ciencia sobre la creencia, el conocimiento y la precisión por sobre la intuición, la duda por sobre los dogmas, reemplazar la afirmación por el diálogo, reemplazar la ventaja menor por colaboración para el progreso, en ecosistemas que permitan buscar las mejores políticas para estimular un desarrollo integral, inclusivo, sostenible y cohesivo, siempre desde el respeto y la tolerancia. En nombre de la razón, la ciencia, el humanismo y el progreso.


Augusto Parra Ahumada

Presidente Fundación República en Marcha

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